Hace poco leí un estudio en el que se afirmaba que, en el sexo, ellos las prefieren feas. Que en la cama, si estaban ante una mujer muy hermosa, aumentaba el estrés y la tensión y con ello las probabilidades de que el polvo fuera mediocre. Lo contrario me pasaba a mí con Sergio: cuando estaba con él, me olvidaba de la celulitis, del lunar ese que tanto odiaba y del vello que me había dejado por depilar. Conseguía que me liberara de todas mis inseguridades, y que el sexo fuera increíble.