He de reconocer que Adri, digo Sergio (más de una vez acabé llamándolo así), me conquistó a base de «pico y pala», de días y horas regalándome los oídos e insistiendo en que tuviéramos una cita. Mis «noes» (sí, también reconozco que le di muchos porque no me gustaba físicamente) siempre se los tomaba a risa, y me contestaba que «tarde o temprano cambiaría de opinión».