Gracias a esta sonda, similar a un pequeño tampón de vidrio que se coloca en la vagina para medir los impulsos sanguíneos, el equipo de científicos ha demostrado desconexión entre lo que reclama o desea la mente racional y lo que “les pide el cuerpo”.
La sonda vaginal que todo lo sabe
Antes de someter a Melanie Berliet a la visualización de diferentes vídeos con contenidos explícitamente sexuales y no eróticos (desde porno hasta vídeos de gatitos), ella contestó sin tapujos cuáles eran sus principales fantasías sexuales y aquellas situaciones que no le atraían en absoluto.
Sin embargo, los resultados de la sonda revelaron que algunas imágenes que había descartado que le pudiesen excitar en realidad aumentaron su pulso vaginal. Sexo lésbico, imágenes de esclavitud u observar a bonobos apareándose.