Se trata de una sonda vaginal que mide la excitación sexual por el flujo de sangre a través de la cual han encontrado que existen fantasías contradictorias entre lo que dice la sonda y lo que ellas aseguran que les excita. El experimento, llevado a cabo por investigadores del Instituto Kinsey para la Investigación en Sexo, Género y Reproducción de la Universidad de Indiana, contó con la colaboración de la periodista Melanie Berliet quien se sometió a la prueba.