Lorena se desmelenó. Salía cada fin de semana y cada noche volvía con un tío diferente. Porque, según ella, «tenía que catarlos a todos». Al fin y al cabo, esa es una época que todo hijo de vecino experimenta, ya sea a los 18 o a los treinta y pocos. El problema llegó cuando apareció Álex, un compañero de trabajo con el que pasó muchas noches. El sexo con él era increíble, pero su relación fuera de la cama también era muy buena.