Cuando se introducía la comida en este escenario de donde procedía el olor “del miedo”, los ratones hambrientos superaron su miedo para poder conseguir la comida, mientras que los ratones del grupo de control que no tenían hambre eligieron permanecer en las zonas “seguras” y no arriesgarse, lo que sugiere que el hambre triunfa sobre el miedo y la ansiedad como una fuerza de motivación.
Hambre y necesidades sociales
Un experimento más reveló que el hambre es también una motivación mayor que las necesidades sociales. Así, la activación de las neuronas AgRP llevó a los ratones socialmente aislados a optar por un alimento contenido en un recinto anejo en vez de ir al reciento contiguo en el que había otro ratón. En el grupo de control, sucedió todo lo contrario. Curiosamente, la actividad cerebral aumentaba cuando otro ratón estaba cerca de la comida, lo que sugiere que las neuronas AgRP responden a la potencial competencia para la alimentación.