Pero los monjes no fueron los únicos habitantes estables que tuvieron las islas, ya que a mediados del siglo XIX, con la construcción del primer faro en las Cíes, un grupo de familias dedicadas a la pesca y a la ganadería caprina y ovina, se instaló en este atrapante entorno, en el que desarrollaron su actividad hasta la década de los 60 del pasado siglo cuando quedaron despobladas.