Ya en el Medioevo, las islas fueron el hogar de monjes de diferentes órdenes; los monasterios de San Estevo y de San Martiño, así como una fábrica de salazón, que posteriormente devino en restaurante, son muestras de aquella presencia.
Ya en el Medioevo, las islas fueron el hogar de monjes de diferentes órdenes; los monasterios de San Estevo y de San Martiño, así como una fábrica de salazón, que posteriormente devino en restaurante, son muestras de aquella presencia.