Entonces saltó Roberto: «Pues a mí no hay nada que me ponga más cachondo que una tía susurrándome cerdadas al oído», dijo súper convencido. Creo que Roberto es el tío más explícito que conozco, cada lunes nos contaba con pelos y señales cómo había sido su polvo con la chica de turno. «De hecho, suelo pedirles que me cuenten qué quieren que les haga», añadió.