«Yo prefiero que estén calladitos, la verdad. Que se concentren en lo que tienen que hacer y no en lo que decir«, dijo otra de mis compañeras. «Una vez estuve saliendo con un chico que me hablaba dirty en todas partes. Ya podíamos estar cenando, en el cine o en un bar hablando del tiempo, que se le ponía la cara de salido y empezaba de repente a decirme todo lo que me haría», nos contó una de las jefas.