Un hombre, o mujer, tiene que hacer sentir a su compañera sentimental que la está sintiendo en todo momento. Del principio al final. No es un acto egoísta, es una cosa de dos.
2) No es NO
Si ella te dice que te pongas el preservativo, te lo pones. Si ella te dice que no quiere sexo anal, lo asumes y no insistes. Si ella te dice que ha cambiado de opinión y que ya no quiere tener sexo contigo, te fastidias. No es NO. Y no solo en la cama. No es una esclava sexual, no tiene que hacer todo lo que dices si no le apetece. Es triste que tengamos que incidir en esto en el 2017, pero aún hoy hay chicas que se ven inmersas en discusiones a media noche porque él se quita el condón e insiste en hacerlo sin protección, o que se sienten forzadas a realizar algo que en realidad no quieren. Volvemos a decirlo:el sexo es una cosa de dos: tu opinión particular, si no coincide con la de tu amante, importa un comino.
3) Un orgasmo, mínimo
El sexo no debería terminar solo con el orgasmo masculino, especialmente si ella aún no ha tenido uno. Si vas a estar demasiado agotado después de llegar, asegúrate de que ella ya se haya ocupado de antemano. Un buen amante siempre espera a que ella alcance el clímax o, como poco, intenta que coincidan en el tiempo. No hay nada menos erótico (y de principiantes), que un hombre que alcanza el orgasmo sin esperar a su pareja o sin ni siquiera preocuparse por si ha llegado. Si eres de esos, sigue entrenando con tu mano y luego ya lo intentas con una mujer. De nada.
4) Que te comuniques
Aunque hay personas que odian que el compañero articule palabra alguna en la cama, no es una regla general y nunca está de más avisar al otro de cómo está yendo la cosa. Imaginemos que la mujer está realizándole una felación al hombre: es de agradecer que él indique si le está gustando, si quiere más rápido, más o menos presión, si quiere acompañamiento de manos, etc. Lo mismo ocurre si a uno le apetece hacer una postura en particular: solo hay que abrir la boca y decirlo. Las mujeres son listas, amigo, pero no adivinas.
5) Juegos preliminares
Lo hemos dicho hasta la saciedad, pero sigues sin hacerlo. Mal. Aunque veas a tu compañera superlubricada y con ganas de pasar a la penetración, es importante que dediques unos minutos (¡¡¡unos minutos!!!) a su cuerpo. Como sabes, ellas tienen muchas más zonas erógenas que tú, y cuanto más las estimules antes del coito, mejor será su orgasmo y, por tanto, el tuyo. Crees que no tiene relación, pero haz la prueba. Párate en sus pezones, en sus pechos, en su cuello, en su pelvis y en su vagina. Y luego, utiliza tu pene.