Life clock es aún un prototipo pero va fuerte con sus promesas: pretende estimar el tiempo restante basándose en estudios sobre la esperanza de vida y en los hábitos diarios particulares: las horas de sueño, los horarios y cantidad de las comidas, el consumo de cigarrillos o el ejercicio físico son eventos que modifican los cálculos del reloj añadiéndole o sustrayéndole minutos según sean beneficiosos o no.