Sábado en la noche, el bar de siempre, la mesa de siempre y la vista de siempre: ese tipo tan sabroso con su cuerpo de gimnasio y esos ojos verdes que te quieres comer. Pero es inalcanzable, lo sabes y él también. Te mira a veces con un desdén despreciable de superioridad diciéndote “nunca vas a estar conmigo”, pero no te afliges. Dos tragos de tequila y empiezas a pensar que algún día va a estar en tu cama. Tarde o temprano va a estar encima de ti.
Gula