Llegaste a su casa un poco nervioso. No entendiste a lo que se refería cuándo escribió que tenía “gustos diferentes”. ¿Qué encontraste? el dolor. Ese placer ardiente de sentir su mano en tu cuello y recibir toda su hombría con… dureza. Sabes que te va a agarrar con sus brazos grandes y fuertes y te hará lo que él quiera y como quiera. Te pondrá boca abajo en su cama y solo escucharás tu gemido creciendo cada vez más al tiempo en que él se mueve y te vuelve loco.
Pereza