Como nos podemos imaginar, para los norteamericanos se trata de un episodio épico de su gloria nacional, un mito que nunca está de más agrandar. En este sentido esta serie trata el contexto histórico con un evidente maniqueísmo: los británicos son los personajes malos malísimos, con alguna pequeña excepción, y los continentales son valientes, íntegros y resplandecen en bonhomía.