El gran mérito de Santiago Segura es cómo consigue hacer de lo mismo algo tan diferente. Cómo sin desprenderse de ese espíritu torrentiano cañí, cutre y un tanto freak (no faltan «las pajillas» o «las 6.000 pesetas de whisky», frases siempre esperadas por los más acérrimos fans de la saga), monta un espectáculo digno de Ocean’s Eleven con grandes escenas de acción y una ambientación hollywoodiense libre de roña.