Wallander, Forbrydelsen (ambas con posterior adaptación foránea, la inglesa Wallander, con Kenneth Branagh y la americana The Killing) o Bron son claros ejemplos de cómo un ritmo lento, una ambientación fría y moderadamente tenebrosa y unos personajes costumbristas y con profundos claroscuros situados en ambientes más rurales o costeros podían conformar un escenario idóneo para el desarrollo de un crimen.