El intrincado laberinto que Elizabeth empieza a auscultar y remover, contiene un subconsciente hecho añicos, incapaz de separar impulsos, deseos, realidad e hipnosis. Frente a este tremendo desafío, Elizabeth deberá poner lo mejor de sí, no sólo por su orgullo profesional y personal, sino para no enfadar más de la cuenta a un ansioso e iracundo Vincent.