La serie alcanzó de inmediato el estatus de serie de culto y, al haber pasado algo desapercibida en el momento de su primera emisión, el canal E4 (propiedad de Channel 4) se vio obligado a reemitirla tres meses después. A partir de ese momento, Charlie Brooker, que ya era conocido en su país de origen por su humor ácido y terriblemente pesimista conduciendo diversos “talk-shows” y como columnista del periódico The Guardian, se hizo un nombre en el panorama de las series televisivas.