Entre cenas y cafés pasaron siete días y ya parecía que lo conocía de toda la vida. Adrián era lo que se dice un trozo de pan, y tenía un corazón que no le cabía en el pecho.
Entre cenas y cafés pasaron siete días y ya parecía que lo conocía de toda la vida. Adrián era lo que se dice un trozo de pan, y tenía un corazón que no le cabía en el pecho.