El calor es el mejor método para matar las bacterias, pero en el caso del pollo hay que tener bastante precaución. La composición de este alimento le hace ser propenso a ser una gran incubadora de bacterias, por lo que la FSA recomienda dejarlo enfriar antes de guardarlo en el frigorífico para que pueda volver a ser calentado en el microondas, porque si no se alterará su composición.