Lo peor de mi trabajo no tiene que ver con mi trabajo, sino con las ideas y estereotipos que el común denominador de la población tiene sobre él.
Y por este motivo es tan importante coger la batuta y de vez en cuando salir ahí fuera y decir «¡Eh! ¡Que antes de ser actriz porno, soy persona! Que voy a hacer la compra, y me gusta recolectar conchas de la playa cuando voy de vacaciones. Que cuando me acuesto llevo un pijama con pelotillas, no un picardías transparente. Que me gusta hablar de novelas gráficas y de cómo la última de Tarantino me ha puesto los pelos de punta. Que soy más (¡Mucho más!) que un cuerpo con agujeros para penetrar.«