Cansada de que Facebook se pasara el día sugiriéndome webs de citas, decidí tirarme a la aventura y apuntarme en una de ellas. «Si tantas parejas han salido de ahí será porque funciona», me decía a mí misma, intentando autoconvencerme, mientras rellenaba el cuestionario inicial. Siempre había dicho que eso era para desesperados y gente sin vida social, que ahí solo quedaba la morralla, lo que nadie quería.