Al principio era penoso, pues los otros fisicoculturistas podían ver mi debilidad, haciendo comentarios constantes. Pero esto funcionó, y nunca más ignoré mis piernas, pues me propuse a convertirlas en una de mis mejores partes. Psicologicamente fue brutal. En un año mis pantorrillas crecieron tremendamente, y los comentarios que recibí el el gimnasio fueron cumplidos y no críticas esta vez”.