El viernes me propusieron hacer un trío. Fue durante una cena-reencuentro con mis compañeros del colegio, a los que hacía mil años que no veía.
Decidí sentarme con los hombres después de oír las conversaciones que tenía el sector femenino sobre pañales y vestidos de novia. Y después de que me soltaran el “¿y tú, aún no te has casado?” más incómodo de mi vida.