El primer condón con alas nació para combatir ese fastidioso momento en el que se interrumpe una relación para colocar el profiláctico. Wingman, aseguran, se coloca en tan solo dos segundos y en un único movimiento fluido, por lo que la pérdida de tiempo es ínfima. También la sensación es más natural que con otros preservativos, al ser ultrafino, suave y flexible, y completamente inodoro.