Cuando mis padres nos lo contaron el sábado en la comida familiar, mis hermanos y yo no pudimos aguantarnos la risa. Lo primero que soltó mi hermano fue «que se joda, por repelente». Mi hermana, un «¿nos vais a volver a decir que nos parezcamos a él?». No voy a negar que no nos alegráramos. Al fin y al cabo lo habíamos odiado desde pequeños y siempre habíamos deseado que hiciera algo mal en la vida.