
Locos de amor
Todo comienza con la revolución de las hormonas. Apenas atiendes a razones y te autoconvences de que esa persona es la definitiva. Cuando nos lanzamos a la piscina prometiendo (y prometiéndonos) cosas de las que tan solo estamos seguros circunstancialmente, la cosa puede acabar fatal. Las prisas no son buenas consejeras y tomar decisiones precipitadas acabará en desastre cuando te quieras dar cuenta de que, en realidad, esto no es lo que querías y ni siquiera eres como la otra persona cree.