«Yo no debo de haber experimentado un orgasmo en mi vida porque no grito…». Esta frase, negro sobre blanco, encierra en sí misma el peor enemigo de la mujer en el dormitorio: la expectativa. La representación del sexo que ofrecen las películas, las novelas o incluso la publicidad, influyen en las relaciones del mundo real. Y el celuloide, casi siempre, miente.