Puede que esta idea haya desfilado alguna vez por la cabeza de los lectores masculinos: “Si tengo amigas que son atractivas y además me gusta su forma de ser (por eso son mis amigas), ¡cómo no sentirme atraído sexualmente por ellas! ¡Si hasta me acostaría con mujeres atractivas que son auténticas arpías!”. Pensar así, aunque sea en secreto, ¿es de bichos raros?