No hay nada malo en desearlo. Es más, lo raro sería lo contrario. El acto libera en nuestro cuerpo una cascada de hormonas que nos provocan placer, felicidad y apego y, de paso, hacemos algo de ejercicio. Sin embargo, hay una cuestión que nos trae de cabeza: ¿la integración del sexo en nuestras vidas puede llegar a ser perjudicial? Y la respuesta de los investigadores Frédérick Philippe y Robert Vallerand al respecto ha sido clara: puede.