Donde quiera que miremos vemos retazos de una cultura sexualizada. Recibimos día tras día mensajes que nos incitan a tener más sexo, siempre mejor, más largo, con erecciones imposibles y orgasmos interminables. En verdad, invertimos más tiempo, dinero y energía en buscar relaciones que en cualquier otra cosa. Hay que reconocerlo: nuestra sociedad gira en torno al sexo. Y esto, que tanto afecta a nuestras vidas, plantea una pregunta ineludible: ¿nos hace unos apasionados o unos obsesos?