Mientras tanto, en Roma, un sacerdote decidió imponerse a la norma de Claudio y comenzó a celebrar matrimonios de forma clandestina. Al enterarse de esto, el tirano gobernador ordenó su detención pero Valentín, que era como se llamaba el sacerdote, realizó un milagro antes de ser puesto entre rejas. El hombre le devolvió la vista a Julia, la hija del carcelero, de la que más tarde se enamoró. A pesar de ello su sentencia le condenó a muerte y fue ejecutado el 14 de febrero del año 270.