Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron un metanálisis de 3,4 millones de personas, a las que siguieron durante unos 7,5 años. Tras considerar varios factores, se dieron cuenta de que el aislamiento social y el vivir solo estaban relacionados con una menor esperanza de vida, mientras las relaciones sociales provocaban un efecto positivo en el bienestar de la persona.