La sexualidad entra en juego y en un impulso, compartes tu cuerpo con el suyo. Durante la lejanía y en medio del subidón emocional propio del enamoramiento, surge una excitante idea: “mándame nudes”. Crees que todo está bien, piensas que jamás podría hacerte daño. Tomas unas cuantas selfies provocadoras y cometes el inocente error de mostrar tu rostro, quieres que te vea y asumes la misma lealtad de su parte.