Al enterarse de tal cosa, el director de la casa Rolex, Hans Wilsdorf, creó un programa con el cual se suministraban Rolex a los oficiales británicos hechos prisioneros a través de la Cruz Roja y que ya serían abonados una vez terminada la guerra. Solo tenían que mandarle una carta explicando dónde y cuándo habían sido derribados, el modelo que querían recibir y su situación actual. Para Hans Wilsdorf, la palabra de un oficial inglés era la mayor garantía que podía tener.