El aspecto de un producto es esencial para provocar curiosidad en los usuarios, captar su atención e impulsarlos a adquirir el producto. Por eso es habitual que al ver la imagen de un producto se nos cree una cierta expectativa y, después de abrirlo y descubrir su apariencia real, nos llevemos una profunda decepción hasta el punto de sentirnos engañados, pues el resultado no es el mismo que el que habíamos visto antes.