¿Por qué sucede esto? El empleo del porno para reemplazar el sexo real se convierte en una droga que entumece los deseos de lograr mayor intimidad con alguien, de crear una conexión profunda. Y ya no se necesita, no se busca y no se desea. Es mucho más fácil relacionarse con un ordenador, smartphone o tableta que con una complicada persona de carne y hueso.