
Por último, en las reuniones con muchos miembros, pocas veces se espera que una única persona (o un pequeño grupo de ellas) pague por todos los comensales, a no ser que esta se haya ofrecido antes con motivo, por ejemplo, de una celebración como un cumpleaños. Mucho cuidado con invitar a todo un grupo pues las connotaciones que dicho acto conlleva pueden ir desde que los demás te consideren un soberbio por hacerte cargo de una suma tan grande, a que te juzguen de manera contraria, como un individuo débil que necesita reafirmarse a través de su dinero.