Tanto Glickman como Levin sostienen que la reticencia de la comunidad científica a estudiar este fenómeno no es más que una consecuencia de que todavía se entienda como un tabú. Al respecto, el terapeuta asegura que muchos de sus pacientes le preguntan si disfrutar del masaje ya les convierte en homosexuales: “Independientemente del contexto sociocultural, la estimulación anal se asocia con tendencias no varoniles, algo en lo que solo participarían los hombres gays, pero eso no es cierto. Es importante recordar que las prácticas no cambian la orientación sexual y que ni mucho menos los homosexuales nacen con nervios adicionales o con una mayor capacidad para sentir este tipo de placer”.