En estos últimos años hemos sido testigos del auge de la discusión entorno a la sexualidad femenina, ya sea sobre el punto G, la eyaculación o cualquier otro tema que haya estado en el candelero de la investigación y el debate público. Sin embargo, esto no es del todo cierto en el caso de los hombres. La anatomía masculina no se discute de forma explícita y pervive como un tabú en una sociedad en la que ya quedan muy pocos. Como resultado, un asunto tan relevante como es el masaje prostático ha quedado en el olvido.