Los investigadores contaron con un grupo de 38 participantes previamente diagnosticados con trastorno de deseo sexual hipoactivo o trastorno de la excitación sexual. Expusieron a la mitad de voluntarios a luz brillante a primera hora de la mañana durante dos semanas. El segundo grupo representó el grupo de control. El experimento demostró que exponerles 30 minutos al día a una luz brillante aumentó sus niveles de testosterona (de 2,3 nanogramos por mililitro a 3,6) y mejoró su deseo sexual, con respecto a los datos iniciales del comienzo del estudio.