Clásico, sí, y esplendoroso. Allí son dados a la grandilocuencia, a mansiones en las que uno se siente un hombre pequeñito, encorvado. Y es lo que ocurre en Ballyfin, un ‘casoplón’ enclavado a una hora y media de Dublín.
Clásico, sí, y esplendoroso. Allí son dados a la grandilocuencia, a mansiones en las que uno se siente un hombre pequeñito, encorvado. Y es lo que ocurre en Ballyfin, un ‘casoplón’ enclavado a una hora y media de Dublín.