Existen grupos –la Iglesia es uno de ellos– que no entienden la motivación sexual y, empecinados a tener los ideales de siglos anteriores, atacan lo que a su perspectiva rebasa la línea, no permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo o que puedan adoptar y formar una familia, dos de los escaños más altos que pretende alcanzar cualquier persona en el planeta, algo que ni siquiera tiene que ver con el sexo, sino con el placer de realizar un sueño de vida.