En todo caso, siempre ha existido la fascinación por menospreciar y ver lo que está en falta, es decir, el morbo. El motor principal de las sociedades tradicionalistas ha causado que observar lo que al otro le falla, carece, explota o exagera es y será motivo para efectuar un discurso excluyente. Países como México se prestan mucho a este tipo de posturas, ya que existen sectores de la población que conservan un paradigma que no los deja experimentar las sensaciones más humanas –incluidas el sexo–, entonces, ¿para qué enjuiciar actos sin ni siquiera haberlos comprendido?