Quitarse esos bloques es difícil, el autor de Julieta tuvo que vivir el exilio manteniéndose en la cárcel –donde escribió todas sus obras– hasta que llegó la Revolución Francesa y siempre lo tildaron de anormal. Hoy se ha convertido en una lectura obligada, pues es un símbolo para todos los que alguna vez han sufrido el acoso de sus ideales en cuanto a liberación sexual. Sin llegar al grado de alcanzar el dolor físico como motor del placer, personas homosexuales, lesbianas, transexuales, transgénero, travestis y sobre todo queers han obtenido en la literatura erótica el factor de normalidad en un mundo que puede juzgarte todo el tiempo, durante toda la vida.