Cuenta la leyenda que Enzo Ferrari le espetó a Lamborghini que “un fabricante de tractores” no le iba a enseñar a hacer coches deportivos.
Ante semejante desaire, Ferruccio no se quedó con el mero “yo lo haría mejor” como haría cualquier hijo de vecino, y se puso manos a la obra con el objetivo de desarrollar un coche que superara a los Ferrari.