Está práctica, basada en una filosofía de vida oriental con más de 4.000 años de antigüedad, a diferencia de lo que muchos piensan no es una guía de posturas al estilo Kamasutra para retardar la eyaculación. Es cierto que el hombre debe aprender a controlar el orgasmo, pero su fin no es “aguantar más”, sino que éste no domine la escena sexual.