El proyecto que presentan sólo genera desdén al dueño de esta multinacional de la tecnología -interpretado con maestría por Gary Oldman (Nicholas Wyatt) – y el grupo queda en la calle. Pero lejos de amedrentarse, Adam dirige a su “tropa” a una noche de copas y diversión, pero pagada con ciertos fondos de la empresa. Lo que Adam nunca imaginó es que ese “descuido” escondía una trampa mortal.