En contra de lo esperado, la ausencia de smartphones no hizo que los participantes se pusieran nerviosos. Los niveles de ansiedad se mantuvieron estables durante toda la investigación. En general, las mujeres tuvieron más estrés que los hombres, por lo que los investigadores pensaron que este estado psicológico no se ve afectado por los smartphones ni por su ausencia, pero sí puede verse afectado por el género.